Iceberg Especial Verde 2025
Ideas, correo, apuntes, críticas, tendencias, habladurías
Presentación El Malpensante Verde 2025
POR Andrés Hoyos
Cianotipia del alga Plocamium cartilagineum, tomada por la botánica Anna Atkins.
Viendo con cuidado la obra más famosa del pintor Francisco Antonio Cano, Horizontes, uno entiende por qué él decía que la pieza se ubicaba muy por encima de su capacidad artística. Ese paisaje, que está por recorrerse o por rehacerse, y el dedo que lo señala despiertan filias y fobias en no pocos artistas colombianos y en buena parte de la cultura popular. O sea, ¿quién no lo ha visto, digamos, en la sala de espera de un consultorio, en el mural de una calle concurrida o en las páginas brillantes de alguna compilación de arte colombiano? En El Malpensante nos hizo pensar en el futuro que este nuevo número Verde va cuestionando. Es cierto que aquí no somos catastrofistas, pero sí tenemos que afirmar lo siguiente con todas las letras: la Tierra nos sigue devolviendo con sargazos, sequías y ciclones las estocadas que propinamos sobre su lomo azul.
No es que ahora mismo nos estemos yendo por el desfiladero, pero el humo se alcanza a ver desde los cerros. De ahí que la portada del número Verde 2025 sea un collage elaborado por La Empanadería en el que un incendio forestal niega las promesas y el horizonte que la familia de la pintura de Cano ve en lontananza. Dicho eso, de ese humo también nos interesan la incertidumbre y las dudas brumosas que deja en Colombia el pretendido progreso de finales del siglo XIX hasta hoy.
Ya adentrándonos en los contenidos, el lector verá que persisten a su manera los procedimientos de la plástica, pues nos hemos propuesto seguir a pies juntillas una paleta azul que hiló finamente el número:
Dimos con los azules muy variados en los cerros de Bogotá y Medellín que pinta Jesús Cataño con mirada parsimoniosa y obsesiva. Daniel Gutiérrez Ardila reseña la manera en que las condiciones climáticas y la luz van transformando al cerro Pan de Azúcar, Boquerón o Monserrate, por nombrar algunos.
Azules encontramos a dos manos en nuestra atmósfera, cundida de hidrógeno, el elemento químico más abundante del cosmos y un prometedor recurso energético, como nos lo contó el experto español Jorge Giribet. Mientras más rápido se implemente el uso masivo del hidrógeno para, diga usted, mover aviones, camiones y hasta carros, para las estufas y calentadores caseros, para encender grandes termoeléctricas, menos gases de efecto invernadero llegarán a la atmósfera planetaria.
Hay azul en los cielos andinos que con suerte cruzarán cada vez más cóndores. Dicen los que saben que, si no se hace nada, dentro de treinta años es posible que no los volvamos a ver en Colombia, tal y como le ocurrió a Venezuela, así que dedicamos una crónica a la conservación de esta especie en manos del esforzado equipo del Parque Jaime Duque en Colombia. Además, el lector lo verá abriendo sus alas poco a poco en las cornisas de estas páginas. Los condoritos fueron ilustrados por nuestra asistente de diseño Isa Pez.
Azulosos brillan los picos y los fondos helados de los icebergs, registrados con asombro a mediados del siglo XIX por el artista Frederic Edwin Church y su compañero de aventuras, el cronista Louis Legrand Noble. Como corolario, el lector encontrará una elegía a un glaciar islandés desaparecido en 2014. Fue despedido con honores, a la manera de un general abatido en el campo de batalla.
Emiten luz azul las pantallas en los laboratorios de genética donde se tensionan las promesas y riesgos de la intervención del adn que hoy se estudia, y como lo explica Silvia Restrepo, a veces también se ponen azules de asfixia los científicos que lidian con una tremenda burocracia para acceder a las bases de datos restringidas que registran la materia biológica esencial del mundo.
Azul sentimos la nostalgia por entornos tan seriamente intervenidos por la humanidad, que parecen quedar devastados, o por desastres naturales. Sin embargo, la vida misma conjura estas tristezas y renace en parajes insólitos, como los de Chernóbil (Ucrania) o las islas Forth (Escocia). En estos paisajes posapocalípticos, los brotes vitales abren un cuestionario sobre el devenir natural, que el biólogo Eduardo Arias articuló para que lo respondiera la periodista escocesa Cal Flyn, experta en esos escenarios.
La camisa a cuadros azules y blancos de don Miguel Quintero, curtido jardinero en el Jardín Botánico de Bogotá, se llena de boronas de tierra, desde que fuera polinizado en su juventud por el amor a las plantas del padre Pérez Arbeláez. Hoy, por su cuenta, don Miguel ha instruido a más de un experto en la botánica capitalina. Por sus manos, como lo narra Julio Caycedo, han pasado miles de árboles que ya son colosos en el espacio de la ciudad y a quienes conoció en su infancia de semilla.
El agua, ese portador de azules y espejo del cielo, detona la vida vegetal. Inspirados por las iniciativas del Banco de la República y su programa “Semillas, memorias que llevan vida”, nos propusimos ahondar con un dossier en el diálogo entre esos gérmenes de vida y el poder que evocan. El poeta del pueblo yanacona Fredy Chikangana y la historiadora del arte Patricia Zalamea escudriñan las memorias de quienes atesoran semillas a la vera de los ríos, las cultivan y riegan, las cosechan y hacen germinar a través de las expresiones culturales y artísticas del país.
Suena a un blues la reflexión del autor argentino Martín Caparrós sobre cómo han cambiado nuestros vínculos con los animales: alguna vez los domesticamos para sobrevivir; ahora los inventamos a medida para que nos acompañen. Les damos algo así como techo, comida y atenciones, pero puede que el verdadero beneficio sea para nosotros: sentir que tenemos poder sobre alguien, sentir que hacemos feliz a un ser vivo que, en su silencio, nunca nos juzga.
Cerramos el número con una ilustración de Patricia Correa, que enfila al cielo una de las palmas que crecen en el barrio San Felipe de Bogotá. Con ella celebramos la reciente mudanza de la Casa Malpensante a estas cuadras vibrantes de la ciudad, donde pronto ofreceremos una programación muy esmerada.
ACERCA DEL AUTOR
Escritor, columnista y fundador de la revista El Malpensante. Es autor de Conviene a los felices permanecer en casa, Vera y Los hijos de la fiesta, entre otros libros. A finales de 2022, el sello editorial Seix Barral publicó La tía Lola, su más reciente novela.